Viendo la lluvia llegar

July 5, 2012 Leave a comment

A lo lejos, justo sobre la línea de los techos se dibuja la silhueta de un arbol agitandose con el viento. Por la forma de sus ramas pareciera ser un voraz cocodrilo surgiendo sobre la superficie del agua, debajo del cielo tormentoso.

Las nubes devoran el horizonte y con cada destello se dibuja la silhueta de un barco. Cada vez más cerca, el cocodrilo rodea el casco… y si conocemos la historia sabremos que se trata del navío ¡del infame Capitán Garfio!

Luces y sombras firman cada nota del concierto nocturno, acompanadas de frenéticas risas, provenientes únicamente de una mente perturbada.

Pero cada vez, las estruendosas carcajadas son aplacadas por un creciente tic-tac. El demente parece recobrar su cordura, al recordar que existe algo a lo que sí le teme.

La oscuridad va venciendo la luna menguante y con ella el silencio avanza para reclamar su presa. Ya no existen señas de la embarcación, solamente el sonido de la muerte que se desvanece… tic-tac… tic-tac…. tiImagec…

Webnesis

Por: Tony Carbonero

El Internet es algo que en el momento histórico que vivimos ya damos por sentado, pero hace 50 años nadie se imaginaba que un invento como tal podría ver la luz del día en nuestros tiempos… ¿Nadie? Una persona sí… o quizás dos. El siguiente es un cuento de ficción sobre un posible génesis del Internet.

En la imagen vemos una representación del General Larsson en uno de sus momentos de epifanía.

Corrían los años 50 y si bien la segunda gran guerra del siglo XX había terminado, el mundo estaba dividido en dos y una nueva guerra- una más táctica, más astuta, más diplomática, más “fría” – se desarrollaba entre Este y Oeste. En una base militar subterránea, en algún lugar de las vastas planicies americanas tuvo lugar la siguiente conversación.

- Hendrick, deje de preocuparse por que el enemigo se encuentre allá… ¡lejos!, detrás de una impenetrable cortina de hierro y que desde ahí ellos planean como sabotear nuestro gobierno, ¡nuestro sistema! Ohhh mi querido Hendrick, si eso fuese así, todo sería mucho más fácil. Deje de pensar que  grandes tubos de metal surcan todos los océanos del mundo sin ser detectados y que verdaderas ciudades acorazadas, tal como ésta, se construyen debajo de los Urales para pasar desapercibidas… aun cuando traten de esconderlas, nosotros sabemos que están ahí, así como ellos saben que nosotros estamos aquí… ¡piense Hendrick! ¡Piense!

El General Larsson era un impetuoso militar que se había abierto camino y ascendido en las jerarquías castrenses, durante la Segunda Guerra Mundial. Su natural talento y astucia para establecer exitosas campañas en el campo le valieron para ir escalando peldaños hasta llegar a General. Su reputación era notoria en las esferas militares y mucho se hablaba de sus capacidades casi “sobrenaturales”, o por lo menos eso creían quienes le habían conocido, aunque fuera una sola vez. Verdad o mito, Larsson demostró tener habilidades para anticipar los movimientos del enemigo y por dicha razón había adquirido ese rango, y era en el fondo la causa de que se diera aquella conversación.

- El enemigo que debe preocuparnos no es sino aquel que está aquí Hendrick… en nuestras tierras, ¡en nuestras narices! El lobo es muy listo y se disfraza de oveja, pero más lista aún es la oveja que no tiene que disfrazarse pero que tiene alma de lobo. ¡¿Cómo las descubrimos?!

- Para eso tenemos toda una red de espías señor, diseminados en todo el Este de Europa e incluso el Oeste – dijo Hendrik, confiado que su respuesta era la correcta. Hemos logrado intervenir líneas telefónicas y recién lanzamos el Explorer 1, que es mucho más avanzado que el Sputnik. Nuestros científicos ya trabajan en cómo poder enviar naves tripuladas al espacio y eso es solo el comienzo.

- No Hendrick… usted tiene la vista puesta en el horizonte y no logra ver lo que tiene a dos pasos de distancia. Su propio vecino cuando por las mañana sale a pasear a su perro podría estarle espiando. Usted lo invita los domingos por la tarde a disfrutar de un asado con su familia y todos comparten la misma mesa, él conoce los nombres de sus hijas, el número de matrícula de su auto, puede saber si tiene algún tipo de alergia y a propósito colocar algún tipo de bacteria en la salchicha que usted gustosamente devorará… ¡Malditos perros  si solamente no fueran tan listos! Nooo, ohhh no, ni siquiera merecen ser llamados perros. Ese es un insulto para la raza… ¡malditas ratas de alcantarilla! ¡Eso es lo que son!

- ¿Quiere decirme que Peters, mi vecino, es un espía señor? – replicó Hendrick con asombro.

Casi tanto como cazar comunistas, al General Larsson le gustaba mucho maldecir, pero nunca lo hacía para insultar a uno de los suyos. En ese momento el General evitó cualquier comentario, pero lo que no dijo con la boca, lo expresó con su mirada. Hendrick inmediatamente entendió que hablaba de manera hipotética.

- A ver Hendrick, ¡piense! ¿Qué podríamos hacer para infiltrarnos en cada hogar de la unión y escuchar las conversaciones de nuestros vecinos?

- Tenemos el teléfono señor… – sugirió el subordinado.

- ¿¿Y usted cree que vamos a llamar casa por casa a preguntar si son comunistas y ellos nos responderán??

- Bueno, también estamos introduciendo la TV en cada hogar, ¡y ahora a colores! -  Dijo Hendrick con mucha ilusión.

- Sí, pero la TV cumple otros objetivos y solamente podemos llegar en una vía. No podemos obtener una respuesta inmediata. Les advertí que la TV todavía no estaba lista para ser lanzada pero no quisieron escucharme – dijo Larsson como si estuviera hablando para sus adentros.

El subalterno sabía a qué es lo que se refería su General, pero prefirió no hacer ningún comentario. Sabía que en la mente de Larsson algo estaba sucediendo y que no tardaría en anunciar otra de sus profecías. En ocasiones anteriores lo había escuchado y siempre le había ayudado a llevar a cabo el plan, por eso es que Hendrick se había ganado su puesto. Muchas veces era incapaz de expresar opiniones coherentes pero en su mente todo sucedía de manera “prolija, providencial, con una lógica mecánico-espacial como pocas veces hemos visto”, describía su expediente militar.

- Tenemos el teléfono y tenemos el televisor- dijo Larsson. A las personas les gusta sentarse delante del aparato pero no pueden hablar con él y aun si así fuera, nosotros no tendríamos ¡ni la más puñetera idea de lo que están diciendo aunque lo quisiéramos! Tenemos que hacer que las personas puedan hablar con la TV y nosotros así poder interceptar qué es lo que dicen, sin que se den cuenta.  Tenemos que hacer que “hablen con el televisor” y se entretengan haciéndolo.

Larsson hizo un ademán con ambas manos simulando unas comillas mientras hablaba y esa fue la primera vez que alguien utilizó ese gesto.

- Eso es… – continuó. Debemos encontrar la manera de poner un teléfono dentro del televisor y así las personas podrán contestarnos sin que ellos sientan que lo están haciendo. Claro que no será un teléfono común y corriente, con auricular y disco, pero sí un aparato capaz de comunicarse en dos vías y hacer las funciones de un teléfono, utilizando el cableado que ya tenemos, conectándose así a una red nacional. ¡Tampoco se llamará teléfono, carajo! ¡Claro que no! Podemos darle un nombre que no signifique nada… No sé Hendrick, usted es bueno con los nombres, déme uno… el primero que se le venga a la mente.

- ¡Modem!, espetó Hendrick.

- ¡Perfecto! El televisor o más bien la pantalla que tendrá nos permitirá monitorear qué es lo que las personas están viendo… ¿cómo lo llamamos?

- Simplemente: monitor.

- ¡Directo y sencillo!, ¡quién podría sospechar! Me gusta cada vez más… Ahora bien tenemos que darle un nombre a este invento y popularizarlo. Probablemente nos tome algunas décadas desarrollarlo pero valdrá la pena, finalmente podremos interceptar todas las comunicaciones que queramos, escuchar dentro de cada hogar sin ser escuchados y éste será un país cada vez más seguro… ¿Qué digo país? ¡Un mundo más seguro! Pero debemos darle un nombre a esta red que crearemos… Interceptar, interceptor… inter… ¡Diablos a usted le vienen mejor los nombres Hendrick!

Sobre las verdes praderas ya era primavera, las marmotas y otros roedores ya se atrevían a salir de sus agujeros, mientras que los universitarios se tomaban un descanso para ir de visita a casa. La temperatura era bastante agradable, pero a más de 150 metros debajo de la superficie, disponer de aire acondicionado era indispensable; no solamente como medio para hacer llegar el oxigeno, pero también porque el calor sobrepasaba los 100 grados Fahrenheit. El ruido del aire saliendo por los grandes ductos que enfriaban toda la base era apenas imperceptible, pero en momentos de silencio se podía escuchar el ronroneo zumbar y hacerse eterno. Mientras Hendrick pensaba pareció que el tiempo se detenía pero en su mente, Larsson, sabía que tenían la respuesta. Ese era un momento histórico en la conquista del futuro, similar al momento en que Colón pisó América por primera vez, similar al día en que la manzana cayó sobre la cabeza de Newton, similar a la partida del Titanic, con la diferencia que no quedaría registrado en los anales de la historia, solamente en la memoria de aquellos dos militares. Entonces, luego de unos cuantos segundos de pensar el nombre de aquel invento, Hendrick lo pronunció…

Tengo señal, luego existo

November 19, 2010 Leave a comment

Por: Tony Carbonero

El mismísimo Descartes tendría un smartphone en nuestros días y probablemente reformularía su famosa premisa “Pienso, luego existo” al verse inmerso en los cuestionamientos que supone la vida en la era digital, tanto para el individuo como para la colectividad, y lo que estas condiciones implican en la interpretación de lo que llamamos realidad.

Esta nueva premisa: “Tengo señal, luego existo”, podría ser la adaptación actual del reconocido enunciado del filósofo francés del siglo XVII. Pero más que un planteamiento epistemológico, esta es la manera de resumir la idea que me dice que el uso de los smartphones – ya sea BlackBerry u otra marca, aunque para esta historia me centraré en los populares BB’s – ha transformado nuestra manera de socializar, basculando al individuo entre la vida y la muerte social a través de sus múltiples aplicaciones de interconexión.

La “manzana” – irónicamente la historia no aconteció  con un iPhone de Apple – cayó sobre mi cabeza cuando un día, estando en la comodidad de mi apartamento, tenía la visita de una querida amiga y sentados en el sofá veíamos TV. Quiero aclarar que ver TV en el sofá adecuado es todo un arte, y el mío provee una experiencia propia de los maestros renacentistas; pero este es tema para otro blog. Sucede que mi apartamento se encuentra en un primer piso y como todos los que también viven más cerca de la calle lo saben: la señal de celular es pésima. Después de un tiempo me he acostumbrado a esto y ha dejado de importarme, dándole descanso también a mi teléfono durante las horas de la noche. Pero también sucede que esta precariedad lo lleva a uno a buscar esos puntos en los que de una manera casi mágica, aunque seguro habrá una explicación técnica, la barra de la señal puede pasar de 0 a 2 en cuestión de un paso. Estos “spots” son verdaderos oasis para el ciudadano digital común y corriente que necesita estar conectado al mundo exterior a través de su celular, incluso si no lo utiliza.

Lo que sucedió el día en el que recibí la visita de mi amiga fue que llegamos al apartamento y nos instalamos. Le ofrecí algo de tomar y siendo un día de semana, busqué en la programación del cable la serie “two and a half men”. Tenía ganas de reir y este programa nos ofrecería el entretenimiento que buscábamos. Mientras me encargaba de las bebidas, veía a mi amiga afanada y preocupada al mismo tiempo porque su recién adquirido BlackBerry no tenía señal. Inmediatemente supe que no era problema de su proveedor, sino que se trataba del ya conocido mal de mi apartamento. En ese momento pude entender su consternación y le revele esos “spots” que ya habia descubierto. Entre el momento en que comenzó a moverse a través de la pieza para encontrar señal y el instante en que las barritas aparecieron en su pantalla, habrá transcurrido medio minuto, y fue ahí cuando entendí que esos habían sido agónicos 30 segundos de muerte social. Contemplar esta escena me sirvió para entender que el mencionado BB satisface no solamente las necesidades de comunicación, sino que crea un nuevo espacio de interacción social, pero que ese espacio es limitado a la recepción telefónica.

Esa escena puede asimilarse al modo de existencia de un cyborg, un organismo mitad humano, mitad electrónico, que necesita de una fuente de energía artificial para funcionar. Al obtener señal el individuo existe en la comunidad digital, a través del BB Chat, MSN Messenger, ingresar a Facebook o Twitter, u otra aplicación y se convierte en un ser multidimensional, estando presente en diferentes espacios al mismo tiempo. En cada espacio el individuo puede tener la misma identidad o diferentes en cada una de ellas, multiplicando así sus opciones de realidad.

Esta condición de existencia se ve reforzada todavía más  por el hecho que el usuario no puede desconectarse del BB Chat, una condición obligada, es decir no puede salirse de esa realidad más que apagando el celular o perdiendo la señal; solamente puede regular su disponibilidad hacia los demás a través del cambio de status, o en caso se desee desinstalar la aplicación. http://supportforums.blackberry.com/t5/General-BlackBerry-Smartphone/Signing-out-of-BlackBerry-Messenger/td-p/211899

Entre los usuarios de BB’s surge el debate de la adicción al aparato, generada principalmente por el BB Chat, y el adecuado uso de esta aplicación. ¿Cuándo es corecto o incorrecto utilizarlo? ¿Existe un abuso en el uso? He escuchado muchas quejas de no usuarios, principalmente, quienes opinan que es “de mala educación” estar pegado al chat durante una reunión, o durante la misa, por ejemplo; hay quienes destacan los riesgos de seguridad de conducir y chatiar al mismo tiempo. Por otra parte, empleadores se quejan del uso de éste durante las horas de trabajo argumentando que “los empleados no logran concentrarse en su labor si están pendientes del chat”. Algunos usuarios manifiestan que la moderación es posible y que cada quien se impone un “código de ética” para su uso, dejándolo solamente para las horas de ocio. Otros se confiesan adictos empedernidos.

Esta BB-dependencia, parece ser más fuerte entre los más jóvenes quienes son más propensos por varias razones: 1- la predisposición natural de los jóvenes a adoptar nuevas tecnologías; 2-la presión social de sus grupos de referencia a poseer un aparato y el hecho de que es “más fácil” comunicarse con sus amigos de esa manera “porque todos están ahi”, lo cual se vuelve aun más cierto si se tiene un chat grupal; 3- el factor económico: los jóvenes al tener presupuestos limitados prefieren hablar por chat “porque es gratis” a realizar una llamada que “sí tiene un costo”.

La premisa “tengo señal, luego existo” cobra sentido en este contexto digital y nos permite entender la complejidad de los nuevos mundos virtuales, de sus puertas de acceso y de salida, de las formas de interactuar, del compartir significados y de la  definición de realidad. Pero este dilema se ve envuelto de una serie de interrogantes comunes al movimiento digital. ¿Tener un smartphone es una opción obligada si se quiere “estar conectado con el mundo”? ¿Cuál es ese mundo y es diferente al mundo real o son la misma cosa? ¿Es posible dejar de vivir la vida real por una virtual? ¿Es posible establecer códigos de ética consensuados para el uso de las redes sociales? ¿Existe un abuso en el uso de estas tecnologías y dónde deben dibujarse los límites para que ésta sea una práctica sostenible?

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